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martes, 16 de julio de 2013

Espacios Blancos

Algo sucede y, desde el instante en que comienza a suceder, nada puede volver a ser lo mismo.


Algo sucede. O bien, algo no sucede. Un cuerpo se mueve. O bien, no se mueve. Y si se mueve, algo comienza a suceder. Y aun si no se mueve, algo comienza a suceder.


Viene de mi voz. Pero ello no significa que estas palabras sean siempre lo que sucede. Viene ya. Si sucede que yo hablo en este preciso instante, es sólo porque espero encontrar el modo de avanzar, de correr en línea paralela a cuanto avanza, y comenzar de este modo a encontrar el modo de ir llenando el silencio sin romperlo.


Pido a cualquiera que esté escuchando esta voz que olvide las palabras que dice. Es importante que nadie escuche con demasiada atención. Quiero, por así decirlo, que estas palabras se desvanezcan en el silencio del que provienen, y que nada permanezca como memoria de su presencia, como prueba del hecho de que en un tiempo estuvieron aquí y ahora ya no están, y de que durante su breve vida parecían no tanto decir algo en particular como ser aquello que sucedía al mismo tiempo que un cuerpo se movía en un cierto espacio, de que se movían al tiempo que todo lo que se movía.


Algo comienza y ,desde ese mismo instante, deja de ser el comienzo, es otra cosa, algo que nos propulsa al corazón de lo que sucede. Si de repente nos detuviéramos y preguntáramos: ""¿Adónde vamos?"", o ""¿Dónde estamos?"", estaríamos perdidos, pues a cada instante dejamos de estar donde estábamos, nos hemos dejado irrevocablemente atrás, en un pasado que no tiene memoria, en un pasado borrado una y otra vez por un movimiento que nos lleva hasta el presente.


De nada servirá, pues, formular preguntas, ya que éste es un paisaje de impulsos azarosos, o de un conocimiento gratuito, es decir, de un conocimiento que existe, que cobra vida más allá de la posibilidad de que las palabras lo encarnen. Y si sólo por esta vez nos abandonáramos a la suprema indiferencia que es estar simplemente donde sucede que estamos, tal vez entonces no nos engañaríamos pensando que también nosotros nos habíamos convertido en parte del todo.


Pensar en el movimiento no meramente como una función corporal, sino como una extensión de la mente. Del mismo modo pensar en el habla no como una extensión de la mente, sino como una función corporal. Los sonidos emergen de la voz para entrar en el aire y rodean y rebotan y entran en el cuerpo que ocupa ese aire y, aunque no pueden ser vistos, estos sonidos son gestos, del mismo modo que una mano extendida en el aire hacia otra mano es un gesto, y en este gesto es posible leer el alfabeto entero del deseo, la necesidad que tiene el cuerpo de ir más allá de si mismo, incluso mientras habita la esfera de su propio movimiento.


A primera vista, este movimiento se nos antoja azaroso. Pero dicho azar no impide, en principio, la existencia de un significado. O bien, si la palabra significado no es la exacta, digamos, o una impresión firme de lo que sucede, momento a momento, aun cuando cambia. Describirlo en todo su detalle no ha de ser ciertamente imposible. Pero harían falta tantas palabras, tantos flujos de sílabas, frases y cláusulas subordinadas, que las palabras se arrastrarían siempre a merced de lo que sucede y, mucho después de que todo movimiento hubiera cesado y cada uno de los testigos se hubiera dispersado, la voz que describe ese movimiento seguiría hablando, sola, oída por nadie, naufragaba en el silencio y la penumbra de estos cuatro muros. Y, no obstante, algo sucede, y a pesar de mi mismo quiero estar presente dentro del espacio de este momento, de estos momentos, y decir algo, aunque vaya a ser olvidado, que forme parte de este viaje durante el tiempo que haya de dudar.


Nada sucede en el dominio del ojo desnudo que no tenga su comienzo y su término. Y, con todo, en ningún lugar encontramos el punto en el tiempo o el espacio donde podemos decir, sin sombra de duda, que aquí es donde comienza, o aquí donde termina. Para algunos de nosotros, ha comenzado antes del comienzo, y, para otros de nosotros, seguirá sucediendo después del término. ¿Dónde encontrarlo? No miren. O está aquí o no está aquí. Y quienquiera que trate de hallar refugio en cualquier lugar, en cualquier momento, nunca estará donde crea estar. En otras palabras, despídanse. Nunca es demasiado tarde. Siempre es demasiado tarde.

Paul Auster. Pista de despegue. "Espacios blancos".

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